Mauro y su ambición!…

Mauro Guerra, dirigente del PAN con licencia

Por Angel González

Desde su llegada la dirigencia estatal del PAN, Mauro Guerra se convirtió en un parapeto de Raúl Gracia, en un dirigente de mentiras que no le ha servido a la militancia, que no es confiable y que sólo protege sus chiflazones personales.

Es un dirigente espurio que ya es vomitado por la militancia porque sólo sirve para ejecutar las órdenes de su patrón, pareja o como usted quiera llamarle a la relación que tiene con Raúl Gracia.

Mauro, sin vergüenza alguna, decidió dejar la dirigencia estatal para ir en busca de la reelección, anteponiendo sus chiflazones personales y echando a la basura la responsabilidad que debería tener para quedarse a defender las causas de su partido, como la de Felipe de Jesús Cantú en Monterrey y Pedro Garza en Guadalupe.

Los deja solos, los abandona demostrando que a él lo único que le interesa es lo suyo, lo personal que es quedarse tres años más en la jugosa nómina.

Pero las preguntas que la militancia debe hacerse son ¿cómo apoyar a Mauro Guerra cuando no supo defender los triunfos de Monterrey y Guadalupe? ¿Cómo apoyar a alguien que sólo sirve a los intereses de su pareja Raúl Gracia?

¿Cómo apoyar a Mauro que en su estancia como dirigente estatal ayudó a vetar a muchos panistas para que no lograran candidaturas? ¿Cómo apoyarlo si Mauro sólo a servido para favorecer a su familia para que lleguen a cargos públicos?…

El caso de Isabel Guerra y Alfonso Robledo son sólo dos casos.

Mauro es parte de esa mafia panista encabezada por Raúl Gracia que representa el retroceso del PAN y que, se ha dicho al interior del partido, han “vendido” a sus mismos candidatos, haciéndolos perder en posiciones que no son de su interés.

Mauro Guerra, como dirigente estatal, provocó que muchos panistas con arraigo y capacidad de operación electoral renunciaran al partido ante su cerrazón, prefiriendo favorecer a sus amigos, a los amigos de su “amo” y a su familia que a quienes sí saben ganar elecciones.

Porque en el tiempo que Mauro Guerra estuvo sentado en la silla de la dirigencia estatal se dio una de las desbandadas más fuertes que tuvo el PAN, fue una desgracia para el partido.

Pero Mauro muy lejos de tomar conciencia y decidir irse ante los fracasos electorales y legales de las contiendas en Monterrey y Guadalupe, prefiere seguir en el cargo, sin sentir vergüenza alguna.

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