La debilidad de Nuevo León

Por Rubén Montoya

Dicen que las apariencias engañan…

Y esto aplica perfectamente en Nuevo León, pues aunque pareciera que la capital del Estado es una ciudad ideal para emprender negocios, con un poderoso recurso humano, económico y empresarial para levantarse de cualquier situación adversa, en realidad encierra un sinnúmero de factores que la hacen vulnerable ante los embates de la naturaleza.

Y es que al Estado en general, todas las épocas del año lo dañan, todo le afecta y con todo sufre más de la cuenta.

Cuando los cuatro elementos se hacen presentes en la ciudad, en sus temporadas respectivas, ponen a temblar a los regiomontanos y a todo el Estado, incluido el gobierno, pues la vulnerabilidad es más grande de lo que parece.

Las estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno, se viven de manera intensa, cruel, dolorosa y en algunos casos, hasta mortal.

Buenos días señor sol

Cuando llega la primavera, los regiomontanos empiezan a pensar en el calor que hará, checar la temperatura en los noticieros, en maneras innovadoras de mitigar la intensidad del señor sol, como vendedores ambulantes de agua purificada.

Pero además de tener que soportar el calor, los que siempre dicen presente son los incendios forestales, que atacan los emblemáticos cerros con gran poderío y arrasando a su paso lo que encuentran.

Los pastizales no se quedan atrás, pues terrenos baldíos, grandes extensiones de monte sin cuidado e  inclusive algunos depósitos de basura, son la cruz de los bomberos en la temporada, quienes tienen que acudir a controlar los siniestros.

Cada año se habla de incendios en el Cañón del Huajuco, en el municipio de Santiago, donde autoridades estatales tienen que hacer uso de equipo especial, como helicópteros, contenedores de agua y otras medidas, para poder controlar el fuego.

Y de allí viene el tener que volver a reforestarlos, emprender campañas para quienes visitan esos lugares, para que tengan  cuidado de no provocar un incendio.

Al agua patos, con la temporada de lluvias

No hay un solo regiomontano que no recuerde al famoso huracán ‘Alex’ que apenas el año pasado devastó gran parte de la Ciudad y que es fecha que aún no nos recuperamos en su totalidad de los problemas que ocasionó.

Pero ‘Alex’ no fue el primero ni será el último de los huracanes ni tormentas tropicales que lleguen a la Ciudad, y es que parece que aquí, cualquier lluvia por mínima que sea, ocasiona problemas de todas dimensiones.

Reflejo de ello son: calles encharcadas, casas inundadas, patrimonio perdido, vialidades cerradas, tráfico vehicular, llegadas tarde al trabajo o estudio y por supuesto numerosos accidentes viales, que aumentan considerablemente cuando el Dios Tlaloc decide hacer presencia en la Ciudad.

Y es que gobiernos pasan y prometen, pero solo arreglan y tapan errores que la naturaleza les va mostrando, pues ninguna autoridad presenta un programa integral de drenaje pluvial para resolver estos problemas.

Sopla el viento y no sólo las hojas se caen

La cantidad desmedida de contaminación visual que existe en la ciudad se vuelve un problema cuando empieza a soplar el viento con mayor intensidad que la normal, dejando graves daños.

Hace unos años, un poderoso viento levantó polvo de una manera considerable, pero está demostrado que cuando en la ciudad se empiezan a sentir las corrientes más intensas de aire, la caída de anuncios es inevitable.

Panorámicos, mantas colgadas, semáforos, cables de luz, teléfono, televisión de paga,  alumbrado público y hasta árboles son sólo algunos ejemplos de las cosas que sucumben ante las potentes ráfagas de viento que se sienten en la ciudad.

Y aunque no es tan común, es de considerarse que cuando sopla el viento en Monterrey, se siente al día siguiente con cientos de usuarios que no cuentan con servicios, semáforos volteados y alguno que otro herido por que le cayó un anuncio encima.

Temperaturas bajo cero y todos felices

Cuando llega el frío invierno, todos estamos al pendiente de la temperatura, para que cuando llegue a bajar a los 0° Centígrados, no mandar a los hijos a la escuela, pedir permiso en el trabajo para ausentarse y comprar desde guantes, hasta calcetines térmicos.

Y es que cuando pega en la Ciudad, el frío se siente en serio y se nota con la disminución considerable de los alumnos en todos los niveles de educación, pues buscando evitar riesgos innecesarios, se ausentan de los salones de clase.

Las autoridades declaran que para protegerse de las bajas temperaturas, queda a consideración de los padres el mandar a los hijos a las escuelas, lo cual provoca que el ausentismo sea el único que se haga presente en las escuelas y alguno que otro trabajo.

Pero cuando cae nieve, los regiomontanos se transforman y cambian la ida a la escuela por acudir a Chipinque a ver el manto blanco que cubre árboles, bancas y demás cosas. Salen a las calles a recorrer centros comerciales para ‘calentarse’ y a las tiendas a comprar las cosas necesarias para preparar bebidas para estar ‘calientitos’.

Con la salud no se juega

Otro mal que aqueja a los regios, son las enfermedades que se han presentado en las diferentes temporadas, pues al menos, tres casos han dejado huella en los últimos 10 años.

El primero, a finales del 2003, fue la conjuntivitis, que llegó a contagiar a un gran número de habitantes del área metropolitana y se estuvo alertando sobre los cuidados necesarios que se tenían que tener con las personas que presentaran síntomas en los ojos.

Otro fue el dengue hemorrágico, que parte corresponde al descuido de los ciudadanos y otro tanto de la autoridad por no informar cómo prevenirlo a tiempo, lo que ocasionó un incremento considerable en el número de muertes.

El mosquito transmisor de dicha enfermedad azotó a la ciudad dejando un número de muertos nunca antes visto en los años 2005 y 2006, donde la falta de cuidado de la ciudadanía, provocó el incremento de victimas.  Y aún es fecha que las campañas para prevenir el dengue siguen  vigentes y cada año se intensifican.

La más importante y que azotó de manera global, fue la influenza AH1N1, que inició en México, cruzó fronteras en América y llegó a los otros continentes hasta que se declaró alerta mundial, de parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Nuevo León, pegó en época de elecciones para gobernador, en el 2009 y tuvo consecuencias devastadoras, pues se juntó con otra crisis, esta vez económica, golpeando doblemente al Estado.

Pareciera que esa fuerza que tiene Nuevo León, ese empuje, carácter, poder y potencial, está ayudándonos, pues con tanta vulnerabilidad ante las condiciones climatológicas, tal vez tendríamos una ciudad muy diferente a como la tenemos ahora.

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