¡Se la juegan!…

Comerciantes y creyentes

Por Rubén Montoya

Dicen que la fe mueve montañas y en este caso en particular, ha movido a la gente, que durante muchos años ha hecho una tradición las visitas al Santuario.

Miles y miles de personas van a demostrarle su devoción a la Virgen de Guadalupe y a pesar de todo, parece que en esta ocasión no será la excepción.

La violencia que se ha suscitado en toda la ciudad y sobre todo, estar ubicado en una de las colonias más conflictivas, la Independencia, no ha mermado en la fe de la gente para dejarse ir en masa hacia el Santuario.

Esto demuestra que aunque el actual panorama para la comunidad es aterrador, ante los hechos violentos que no respetan hora, ni lugar; tanto vendedores, como devotas, deciden jugarse su integridad a cambio unos de cumplirle como cada año a su morenita y otros ante la necesidad de llevar a su casa el pan de cada día.

Los fieles acuden a darle gracias a la Virgen por lo que les ha dado en el año, cientos de comerciantes desafiando el vivir en la conflictiva colonia, se han instalado listos para recibirlos.

Desde ahora, las calles que rodean al Santuario ya se encuentran llenas de color, música, banderines, uno que otro franelero y hasta botes para guardar lugares de estacionamiento, enmarcando la fiesta devota aún más.

El olor a churros invade la nariz del visitante, el colorido de los dulces llama la atención, el pan adorna los establecimientos, mientras que las imágenes religiosas enmarcan la ocasión.

Al hacer un recorrido y platicar con los comerciantes, donde algunos aseguran tener más de dos décadas instalándose cada año en las calles, muestran algo de tristeza por la baja afluencia de personas, aunque nunca pierden la esperanza.

Don Francisco, comerciante de crucifijos e imágenes, señala que en estos días los fieles vienen a cumplir con la visita, pero que rápidamente se van, por miedo a la inseguridad.

“Viene rápido los visitantes, así como llegan, así se van. Antes venían, daban una vuelta, compraban un churro o un buñuelo, pero ahora ya no. No es como antes”, expresa.

El vendedor, quien asegura no ser el dueño del lugar, sino el encargado, comenta que la afluencia de personas no es como otros años.

Por su parte, doña Elsa Vázquez, quien tiene un puesto de pan y que ha estado unos 20 años, comenta que en sus épocas, había mucha gente, pero que ahora, todo ha cambiado.

“Si hay descenso de gente, antes venía mucha gente, pero sí ha cambiado”, cuenta.

Sin embargo, también se da tiempo de criticar a las autoridades municipales, al asegurar que la seguridad se ha visto muy poco en los alrededores.

“No hay tanta vigilancia como antes. Antes enviaban cadetes de la Academia de Policía, pero ahora no, ya no hay mucha vigilancia”, expresa.

Mayra Alonso, quien vende dulces de cientos de sabores y colores, expresa que a pesar de todo, las peregrinaciones siguen llegando hasta el Santuario, pero en menor medida que hace algunos años.

“Antes las peregrinaciones venían, por ejemplo, de los colegios como con 100 niños y ahora ni la mitad. Pero la Fe no termina, aquí estamos y pues no hay de otra, hay que trabajar”, argumenta.

Así mismo piensa don Jesús, quien también vende imágenes religiosas y señala que no tienen de otra, hay que instalarse a pesar de todo, inseguridad, bajas ventas, miedo.

“Ya estamos aquí, si nos rajamos perdemos. La venta ha bajado, pero sí casi no se vende, esperemos que ya que se acerque más la fecha, se aumente la afluencia de gente”, expresa.

Por su parte, doña Guadalupe Martínez, quien asegura tener más de 25 años instalándose desde el mes de octubre para recibir a los visitantes, invita a la gente a venir, a pesar de todo.

“No ayuda mucho la fama de la colonia. Tenemos Fe que venga, que no tengan miedo, está muy solo y hace falta que venga la gente. Estamos aquí desde que nos instalábamos como puesteros y aquí estaremos”, señala, sentada en su mecedora afuera de su negocio.

Así que parece que la fe de los regiomontanos es fuerte, pues a pesar de los problemas que se viven en la ciudad, con inseguridad, falta de trabajo, inundaciones y hasta pagos atrasados, se la juegan para continuar con la tradición que año con año ha caracterizado a los fieles guadalupanos.

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